La siembra directa, a 40 años de su primer encuentro

Los días 1, 2 y 3 de septiembre de 1977 se realizó en el Club Argentino de Marcos Juárez la I Reunión técnica de siembra sin labranzas, histórica convocatoria para intercambio de las primeras experiencias en siembra directa, sistema que hoy se utiliza en la absoluta mayoría de los sistemas agrícolas extensivos. “La reunión se hizo para juntar toda la información que había disponible no sólo en el INTA Marcos Juárez sino también en estaciones de la institución en las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Chaco, y a la vez muchos técnicos y productores interesados por conocer en profundidad de qué se trataba el tema”, rememora el Ing. Alfredo Lattanzi, uno de los técnicos del equipo que inició los ensayos. “Nos pusimos al día y todos quedaron muy motivados, esto sirvió para ampliar la cantidad de ensayos en distintos lugares del país y fue el germen de las posteriores reuniones en 1979 y con el tiempo decantó en la creación de AAPRESID”, resume.
Pero ¿cómo empezó a probarse el sistema? Según informan Lattanzi y Hugo Marelli, quienes recientemente junto a sus compañeros de aquél equipo Mario Nardone y Osvaldo Signorile fueron distinguidos en el último congreso de AAPRESID, el INTA Marcos Juárez estaba para 1968 desarrollando trabajos en conservación de suelos con el objetivo de controlar la erosión hídrica en la cuenca del Río Carcarañá, involucrando sectores de las provincias de Córdoba y Santa Fe y que el nuevo cultivo introducido, la soja, generaba alguna preocupación. “La zona tenía esa problemática pero el sistema de siembra de la soja en esos tiempos era con mucha labranza lo cual agravaba la erosión. Y al trabajo de terrazas y desagües se sumó hacer experiencias en siembra directa de maíz con un sistema bastante rudimentario”. Un posterior viaje de capacitación a EEUU motivó los primeros ensayos en el INTA Marcos Juárez que a la fecha continúan.
“Fueron ensayos exploratorios de lo que llamábamos por entonces cultivos sin labranza, con diferentes tratamientos y diseños estadísticos generados en la Estación, y como complemento una red de ensayos en una franja que iba desde General Cabrera a Casilda, sobre soja y otros cultivos para ver cómo era el comportamiento de la experiencia bajo diferentes condiciones climáticas y distintos suelos”, explica Marelli, acentuando que “ si bien queríamos ofrecer ese sistema para la paliar en parte la erosión hídrica también la intención era saber que pasaba con algunas variables físicas y químicas en ensayos de trigo/soja , de rotaciones con distintas secuencias, soja-soja y maíz-maíz, que permitieron cuantificar la evolución de la materia orgánica”. Estos primeros ensayos tuvieron un apoyo especial de la empresa Duperial que proveía el producto Gramoxone para combatir las malezas porque “ése era el cuello de botella, especialmente el rebrote de gramíneas además del trigo guacho en soja”, precisa Marelli, anticipando que en breve se espera una publicación donde se expondrá la información de los cinco ensayos de larga duración en un período que ya supera los 40 años de continuidad para evaluar las variables mencionadas.
A la vez destacan los técnicos que hubo un significativo apoyo de los fabricantes de sembradoras como Agrometal, Migra, Gherardi y Schiarre: “con ellos realizábamos modificaciones para lograr sembrar sobre el suelo cubierto con rastrojo, desde los abresurcos a la cuchilla ondulada, pasando por la barra portaherramientas que se colocaba delante de una sembradora de grano grueso en tren”.
Un largo camino. Mientras por un lado Hugo Marelli insiste en la importancia de la experimentación a campo como un capital investigativo para responder a los nuevos desafíos que plantea la sustentabilidad productiva de nuestros suelos, a la luz del auge del sistema de siembra directa en los cultivos argentinos Lattanzi cree que “Uno nunca piensa qué trascendencia puede tener la cosa, lo que básicamente queríamos hacer era solucionar el problema de la erosión que causaba el cultivo de soja que era significativo, nadie preveía que se iba a terminar implementando en casi el 95% de la siembra bajo ese sistema. Le debemos mucho al entusiasmo de los técnicos y los productores que se sumaron a este nuevo sistema experimental”.

Fuente: Comunicaciones INTA Ms Jz

Autor entrada: Eduardo Oyola

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