Desde su taller en Marcos Juárez, José Luis Mansilla convierte hierro y objetos descartados en esculturas únicas que ya fueron exhibidas en la Casa de la Cultura.
Su historia mezcla creatividad, resiliencia y una pasión por el arte que nació entre herramientas de herrería.
Un escultor en Marcos Juárez que convierte el hierro en arte
En Marcos Juárez, una historia de creatividad y perseverancia toma forma en hierro, acero y materiales recuperados. El protagonista es José Luis Mansilla, un artista local que da vida a esculturas únicas a partir de elementos que muchas veces otros descartan.

Animales, barcos, aviones, figuras humanas, guitarras, gladiadores medievales e incluso representaciones de Jesucristo forman parte de su universo creativo. Cada pieza nace de un proceso artesanal donde el metal se dobla, se pule y se transforma hasta convertirse en una obra con identidad propia.
En los últimos años, su trabajo comenzó a trascender el ámbito personal y llegó al público a través de distintas exposiciones. Varias de ellas se realizaron en la Casa de la Cultura de Marcos Juárez, donde sus esculturas despertaron curiosidad y admiración entre vecinos y visitantes.
“Cuando hago una muestra quiero que toda la familia encuentre algo que le guste. Que cada uno salga con algo que lo haya emocionado”, cuenta el artista.
De Marcos Juárez a Buenos Aires: el origen de su historia
La historia de José Luis Mansilla comenzó en Marcos Juárez, donde cursó la primaria en la Escuela Bartolomé Mitre. Siendo muy joven decidió mudarse a Buenos Aires, donde viviría una experiencia que marcaría su destino.
Allí empezó a ayudar a su tío, quien trabajaba como herrero artístico en la zona de La Matanza, en el conurbano bonaerense. Entre herramientas y hierro caliente aprendió a soldar, limar, pintar y manipular el metal.
En paralelo intentó seguir otro camino. Estudió electrónica durante dos años en una escuela técnica de Morón, impulsado por la idea de que sería una profesión con futuro.
Pero pronto entendió que su vocación estaba en otro lugar.
“Probé dos años y no me gustó. Yo ya me había enamorado del hierro. Siempre fui creativo desde chico y un día pude volcar esa creatividad en ese material tan duro”, recuerda.
El arte que nació en su casa y llegó a la Casa de la Cultura
Durante muchos años, Mansilla no pensó en mostrar sus obras al público. Sus creaciones nacían simplemente como una forma de expresión personal.
En su casa fabricaba muebles, espejos, sillones y distintos objetos decorativos. También creó autos de carrera, carruajes, animales y figuras de diferentes estilos.
Todo permanecía en el ámbito familiar.
Hasta que un día decidió regalarle a una amiga profesora de literatura una escultura de Don Quijote, personaje del que ambos son admiradores.
La reacción fue inesperada.
La mujer se emocionó al ver la obra y le dijo algo que cambiaría su camino artístico: debía mostrar ese talento.
Así comenzaron las exposiciones.
En los últimos dos años realizó varias muestras, tres de ellas en la Casa de la Cultura de Marcos Juárez, donde su trabajo recibió una muy buena respuesta del público.

Crear esculturas con materiales que otros descartan
Uno de los aspectos más particulares del trabajo de José Luis Mansilla es el origen de muchos de los materiales que utiliza.
El artista suele encontrar hierro, madera o piezas de acero inoxidable en contenedores, volquetes o incluso en la vereda cuando sale a caminar por Marcos Juárez.
A partir de esos elementos descartados comienza el proceso creativo.
Una de sus esculturas más queridas es una guitarra cuya base está hecha con una madera que encontró tirada frente a una pizzería.
“La vi en la vereda y me la llevé a casa. Con esa madera hice la parte roja de la guitarra. Es especial porque fue la primera”, cuenta.
También creó una guitarra eléctrica utilizando una pieza de acero inoxidable que pertenecía al tambor de un lavarropas automático.
Para el artista, rescatar esos materiales tiene un valor especial.
“Algo que está tirado en la calle, oxidado, lo agarro, lo pulo y lo llevo al brillo. Después se transforma en otra cosa”.

Artemio, la locomotora que homenajea a su padre
Entre todas sus obras hay una que tiene un significado muy especial: una locomotora construida con piezas recuperadas de distintos objetos.
La base surgió cuando su hermana le regaló una máquina de coser antigua que estaba a punto de ser descartada.
A partir de esa estructura comenzó a imaginar la locomotora.
El proyecto sumó otro elemento inesperado cuando encontró una bicicleta abandonada cerca de una vía del tren. Con ella construyó el puente que atraviesa la escultura.
La obra tiene además un valor sentimental muy profundo.
Se llama “Artemio”, en homenaje a su padre.
El nombre tiene una coincidencia curiosa que descubrió gracias a su hermana.
“Me dijo que si dividís el nombre de papá queda ‘arte mío’. Y yo me dedico al arte”, cuenta.
El homenaje también tiene otra razón: ambos compartían el gusto por viajar en tren cuando iban juntos a Buenos Aires durante las vacaciones.
El arte como forma de sanar
La vida de José Luis Mansilla también estuvo marcada por momentos difíciles.
Hace aproximadamente diez años perdió a su esposa a causa del cáncer, una experiencia que lo atravesó profundamente.
Durante un tiempo atravesó un largo proceso de duelo.
Fue entonces cuando el arte volvió a ocupar un lugar central en su vida.
Las esculturas y su participación en un taller literario se transformaron en una forma de reconstruirse.
“Esto me sana. Me llena la vida. A veces trabajo sábado y domingo y ni lo siento porque lo hago con una pasión enorme”.
Un artista que quiere seguir creciendo desde Marcos Juárez
Hoy, desde su taller en Marcos Juárez, José Luis Mansilla continúa trabajando en nuevas obras y preparando futuras exposiciones.
Su objetivo es seguir creciendo como artista y llegar a más personas con su trabajo.
“Todavía no sé cuál es mi techo. Quiero ver hasta dónde puedo llegar con mi obra”.
En una ciudad como Marcos Juárez, donde el movimiento cultural sigue creciendo y cada vez más artistas encuentran espacios para mostrar su talento, historias como la suya reflejan el valor del arte local.
Porque a veces una obra no nace en una galería ni en un museo.
A veces nace en un taller, entre hierro, herramientas y la imaginación de alguien capaz de ver belleza donde otros solo ven metal.

