Un accidente de tránsito le provocó la amputación de una pierna, pero la batalla más difícil llegó después. Durante casi dos años luchó contra la depresión y llegó a preguntarse por qué había sobrevivido. Hoy juega al fútbol para amputados en Rosario Central, inspira a miles de personas desde las redes sociales y encontró un propósito que transformó su vida.
Cuando Nicolás Fornero publica un video entrenando en sus redes sociales, los mensajes llegan desde distintos puntos del país.
Algunos le agradecen por motivarlos a hacer actividad física. Otros le cuentan que encontraron fuerzas para seguir adelante después de atravesar situaciones difíciles. Incluso hay deportistas argentinos que juegan en el exterior y le escriben para decirle que miran sus publicaciones cuando sienten que les falta motivación.
Hace apenas unos años, él estaba del otro lado de la historia.
Luchaba contra una profunda depresión, no lograba aceptar la pérdida de una pierna y se preguntaba una y otra vez por qué había sobrevivido a un accidente de tránsito que cambió su vida para siempre.
«Durante mucho tiempo le pregunté a Dios por qué me había dejado con vida», recuerda.
Hoy, esa misma historia que nació en medio del dolor se transformó en un mensaje de esperanza para miles de personas.
La noche que cambió todo
La madrugada del 24 de diciembre de 2022 quedó grabada para siempre en la memoria de Nicolás.
Un grave accidente de tránsito le provocó una fractura expuesta en una de sus piernas. Las lesiones fueron tan severas que los médicos debieron amputarle la pierna izquierda por debajo de la rodilla.
La noticia fue un golpe difícil de asimilar.
Sin embargo, con el paso del tiempo entendió que la pérdida física no sería el desafío más complejo que tendría por delante.
«Verme con una pierna menos me costó horrores. Intentaba demostrarle a la sociedad que estaba bien porque salía para todos lados con una sonrisa enorme. Pero la sonrisa llegaba por fuera, por dentro yo estaba destruido».
Mientras avanzaba la recuperación médica, comenzaba una batalla mucho más silenciosa.
Una batalla emocional.

La lucha que nadie veía
Quienes lo rodeaban destacaban su fortaleza.
Lo felicitaban por la manera en que enfrentaba una situación tan difícil.
Pero Nicolás sentía algo completamente distinto.
«Todos me decían: ‘Nico, qué fuerte que sos’. Y la verdad es que yo no estaba fuerte. Estaba muy débil. Me dolía el alma, me dolía la vida».
Durante meses convivió con la frustración, la tristeza y la sensación de haber perdido el rumbo.
Por momentos parecía encontrar una salida.
Por momentos volvía a caer.
«Había días en los que parecía que salía el sol y después se volvía a esconder», cuenta.
La pregunta que lo acompañaba era siempre la misma.
¿Por qué había sobrevivido?
«Llegué a enojarme con Dios. Le preguntaba por qué me había dejado con vida. No podía agradecer estar vivo porque me dolía mi propia vida».
Aquella búsqueda de respuestas se extendió durante casi dos años.
Hasta que decidió intentar algo diferente.
Una búsqueda que cambió su vida
Lejos de las miradas ajenas, Nicolás comenzó a acercarse a la fe.
No lo hizo desde la resignación.
Lo hizo desde la necesidad de encontrar sentido.
«Empecé a hablarle a Dios. Le pedía que se manifestara, que me mostrara por dónde tenía que ir».
Una oración quedó grabada para siempre en su memoria.
«Si me dejaste con vida porque tenés un propósito para mí, mostrame cuál es».
A partir de entonces comenzó a prestar atención a señales que antes pasaban desapercibidas.
Historias de personas amputadas que entrenaban.
Testimonios de superación.
Mensajes que demostraban que era posible reconstruirse después de una tragedia.
«Me empezaron a aparecer por todos lados videos y mensajes de amputados entrenando, demostrando que los límites no existen. Ahí sentí que tenía que empezar a moverme».
El parque donde comenzó la transformación
La respuesta no llegó de golpe.
Llegó a través de pequeños pasos.
Y esos pasos comenzaron en un parque.
Nicolás empezó a entrenar calistenia al aire libre.
Al principio el desafío no era físico.
Era emocional.
Le costaba usar pantalón corto.
Le costaba mostrar la prótesis.
Le costaba enfrentarse a las miradas y a las preguntas.
Pero decidió hacerlo igual.
«Todos los días me iba al parque. Con dolor o sin dolor. Tuviera ganas o no tuviera ganas. Me iba a entrenar igual».
La disciplina se convirtió en una herramienta para reconstruirse.
Entrenamiento tras entrenamiento empezó a recuperar algo que había perdido: la confianza en sí mismo.
Y mientras trabajaba sobre su cuerpo también comenzaba a sanar por dentro.

El día que entendió que estaba ayudando a otros
Como parte de ese proceso empezó a grabar sus entrenamientos y a compartirlos en redes sociales.
No buscaba reconocimiento.
No imaginaba convertirse en una referencia para otras personas.
Simplemente quería mostrarse tal como era.
«Yo me grababa para aceptarme. Necesitaba dejar de esconderme y mostrarme así».
Pero aquello que comenzó como una experiencia personal terminó generando un impacto inesperado.
Los mensajes empezaron a multiplicarse.
Personas que encontraban motivación en sus videos.
Personas que atravesaban momentos difíciles.
Personas que veían en su historia una razón para no rendirse.
«Me escriben para decirme que cuando no tienen ganas de entrenar miran mis videos y salen igual. Otros me dicen que mis publicaciones los ayudan a seguir adelante».
Fue entonces cuando algo hizo clic.
Después de tanto tiempo buscando respuestas, sintió que finalmente había encontrado una.
«Ahí entendí cuál era mi propósito. Mi propósito es ayudar a otras personas».
Rosario Central y una nueva etapa
La transformación personal también le abrió puertas que jamás imaginó.
Entre ellas, la posibilidad de integrar el equipo de fútbol para amputados de Rosario Central, conocido como Los Guerreros.
Hoy recorre distintos puntos del país compitiendo, entrenando y compartiendo experiencias con personas que atravesaron desafíos similares.
«Jamás pensé que iba a vivir algo así. Estoy recorriendo Argentina jugando al fútbol y compartiendo historias con personas que pasaron por situaciones parecidas a la mía».
Cada partido representa mucho más que una competencia deportiva.
Es una demostración de que siempre existe una nueva oportunidad.
De que la vida puede volver a sorprender incluso después de los momentos más difíciles.
Una misión que recién comienza
Aunque el deporte ocupa un lugar importante en su presente, Nicolás siente que todavía tiene mucho por hacer.
Por eso sueña con recorrer el país recolectando testimonios de personas que hayan logrado superar la depresión, enfermedades, accidentes o situaciones límite.
Quiere contar esas historias.
Quiere transformarlas en herramientas de ayuda para quienes hoy atraviesan momentos difíciles.
«Hay mucha gente luchando contra la depresión y sintiendo que no puede más. Quiero mostrarles que sí se puede salir adelante».
La idea nació de su propia experiencia.
De haber atravesado momentos en los que sintió que no encontraba una salida.
Y de haber descubierto que siempre existe una razón para seguir.
La respuesta que tardó años en llegar
Hoy Nicolás sigue entrenando.
Sigue viajando para competir con Los Guerreros de Rosario Central.
Sigue compartiendo videos y mensajes en redes sociales.
Pero su desafío más importante ya no está en una cancha ni en un parque.
Está en cada persona que encuentra un motivo para seguir adelante después de escuchar su historia.
Porque aquel hombre que durante años le preguntó a Dios por qué había quedado con vida, hoy cree haber encontrado la respuesta.
Y la resume en una frase que se convirtió en el motor de su nueva etapa.
«Mi propósito es ayudar a otras personas».

