«Mamá, estoy bien»: por qué Franco Consol decidió contar lo que muchos callan

Cuando cursaba sexto año en la Escuela Normal Superior Manuel Belgrano, el joven de Marcos Juárez decidió hacer pública una de las etapas más difíciles de su vida. Lo hizo con un objetivo que sigue sosteniendo hasta hoy: que su historia pueda ayudar a alguien más.

Hay temas de los que todavía cuesta hablar.

No porque no existan. Todo lo contrario. Existen, atraviesan a muchas personas y, sin embargo, suelen quedar escondidos detrás del silencio.

Franco Consol decidió hacer exactamente lo contrario.

Cuando tenía 17 años y cursaba sexto año en la Escuela Normal Superior Manuel Belgrano, transformó una experiencia profundamente personal en un mensaje público. No buscó generar impacto ni despertar compasión. Quiso abrir una conversación sobre salud mental entre los jóvenes y recordar que, incluso en los momentos más difíciles, siempre vale la pena pedir ayuda.

Así nació «Mamá, estoy bien», una charla presentada el 3 de diciembre de 2025 en el Auditorio de COYSPU y que, meses después, volvió a compartir en redes sociales convencido de que todavía podía llegar a quienes más la necesitaran.

Todo comenzó en un campamento escolar

La historia no empezó arriba de un escenario.

Comenzó durante un campamento organizado por la Escuela Normal Superior Manuel Belgrano.

En una actividad grupal, una compañera habló sobre salud mental. Aquellas palabras lo movilizaron profundamente. Por primera vez decidió expresar en voz alta experiencias que había guardado durante mucho tiempo y transmitirles a dos compañeras un mensaje que hoy sigue sosteniendo con la misma convicción: siempre existen motivos para seguir adelante.

Aquella conversación terminó cuando finalizó el campamento.

Pero la idea siguió acompañándolo durante semanas.

Cuando la escuela volvió a convocar a los estudiantes para participar de las tradicionales charlas, Franco sintió que ya sabía de qué quería hablar.

«Nadie estaba tocando este tema», recuerda.

Sabía que era una decisión difícil. También que debía hacerlo con responsabilidad.

Junto a sus docentes comenzó a escribir el guion, corregir cada palabra y buscar la mejor manera de abordar un tema tan sensible. Incluso utilizó una herramienta de inteligencia artificial recomendada por una profesora para organizar el contenido y ensayó durante semanas con la ayuda de un compañero que seguía el texto mientras él practicaba.

Nada fue improvisado.

Cada frase tenía un propósito.

Una historia contada desde la verdad

La charla comienza hablando de una realidad conocida por muchos adolescentes.

La presión por terminar la escuela.

La incertidumbre sobre el futuro.

Las preguntas constantes sobre qué hacer con la vida cuando todavía quedan muchas respuestas por encontrar.

Pero rápidamente deja de hablar de los demás.

Empieza a hablar de él.

Cuenta que hubo momentos en los que sintió que ya no encontraba un motivo para seguir adelante. Explica cómo distintas situaciones personales fueron acumulándose hasta hacerlo sentir desbordado y reconoce que, durante mucho tiempo, no supo cómo pedir ayuda.

Sin embargo, deja en claro desde el primer momento cuál es el sentido de su testimonio.

«No lo cuento para generar lástima, sino porque muchos chicos pasan por esto en silencio.»

Esa frase cambia por completo la manera de escuchar la charla.

Ya no se trata solamente de su historia.

Se trata de quienes pueden sentirse reflejados en ella.

La pregunta que cambió su vida

En uno de los momentos más profundos del relato, Franco recuerda una pregunta que marcó un antes y un después.

«¿De verdad quiero desaparecer… o solo quiero dejar de sentirme así?»

Aquella reflexión lo llevó a mirar su realidad desde otro lugar.

Pensó en su familia.

En sus amigos.

Y comenzó, poco a poco, a encontrar motivos para seguir adelante.

Pero también entendió que no todas las personas cuentan con la misma red de contención.

¿Qué pasa con quienes llegan a una casa vacía?

¿Con quienes sienten que no valen nada porque nadie se los recuerda?

Fue entonces cuando encontró la idea que atraviesa toda la charla.

«No todos tienen un motivo… por eso es tan importante que nosotros podamos ser ese motivo para alguien más.»

No es una frase escrita para cerrar una exposición.

Es la razón por la que decidió contar su historia.

Volver a compartir el mensaje

Meses después de aquella presentación, un hecho ocurrido en la comunidad volvió a enfrentarlo con la misma sensación de impotencia.

Sintió que no podía hacer nada.

Entonces decidió hacer lo único que estaba a su alcance.

Volver a compartir el video.

«No le quiero faltar el respeto a nadie, pero quiero hacer un llamado de atención», explicó.

La respuesta superó sus expectativas.

El video comenzó a difundirse y muchas personas volvieron a escuchar un mensaje que, según él mismo reconoce, sigue siendo necesario.

«Así sea solamente a una persona le va a interesar y le va a servir muchísimo», afirmó durante la entrevista.

Porque, como también sostiene en la charla, preguntar cómo está alguien, escucharlo de verdad o simplemente hacerle sentir que no está solo puede cambiarle el día. Y, en algunos casos, incluso salvar una vida.

El significado de «Mamá, estoy bien»

Recién al final de la charla se comprende el porqué del título.

Después de compartir una parte de su vida que nunca había contado públicamente, Franco dirige unas palabras hacia su mamá, presente entre el público.

Le agradece por acompañarlo.

Le dice que la ama.

Y le promete empezar a hablar más con ella.

No hay golpes de efecto.

Solo una conversación pendiente que encuentra, por fin, el momento para empezar.

Un mensaje que sigue vigente

Hoy Franco Consol ya terminó la secundaria y trabaja como soldador de aluminio en Bertotto Boglione. Ingresó en marzo de este año, sin experiencia previa, luego de postularse a una búsqueda laboral destinada justamente a personas que quisieran aprender el oficio.

Su vida cambió.

Pero no cambió el motivo que lo llevó a subir aquella charla.

Al finalizar la entrevista volvió a agradecer que su historia pudiera difundirse y dejó una frase que resume el sentido de todo este recorrido.

«Yo aporté mi granito de arena para poder ayudar a las personas que estén pasando un mal momento y que alguien más quiera contarlo también suma un montón.»

Quizás esa sea la mejor definición de «Mamá, estoy bien».

No es solamente una charla.

Es la decisión de un joven de Marcos Juárez de convertir una experiencia profundamente personal en un mensaje de esperanza.

Y de recordar que, muchas veces, una conversación, una pregunta o un gesto de escucha pueden convertirse en el motivo que alguien necesita para seguir adelante.


Si necesitás ayuda, no estás solo

Si vos o alguien que conocés está atravesando un momento de crisis emocional, es importante hablar con una persona de confianza y buscar acompañamiento profesional. Un familiar, un amigo, un docente o un profesional de la salud pueden ser el primer paso para recibir ayuda.

En Argentina también existen líneas de asistencia para situaciones de crisis, como el 135 (desde Capital y Gran Buenos Aires) o el (011) 5275-1135 desde todo el país, números que el propio Franco comparte al finalizar su charla.

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